Medianoche, por Marieta
Medianoche
Capítulo único
La brisa entraba por la ventana abierta, dejando ver la oscuridad de la noche. Las nubes cubrían el cielo, excepto a la luna que se erguía entre ellas, casi escondida. Un pequeño trozo de luna resplandeciente entre la oscuridad. Y allí estaba él, en la calle.
Me había embobado completamente observando el cielo mientras le esperaba. Y es que, en los raros días en que Forks estaba iluminado por el sol y Edward no venía al instituto, siempre venía a verme de noche. De hecho, así lo acordamos los dos.
Su maravillosa silueta ya estaba en mi habitación, a mi lado. Edward, tan vampiro como siempre, podía saltar grandes alturas por lo que no suponía problema alguno que viniese por la noche, Charlie jamás se enteraba. Notaba su respiración, calmada, para nada cansada.
-Buenas noches. -Edward me saludó con su odiosamente radiante sonrisa. Hasta en la oscuridad, él se hacía notar sin ser consciente. Añadió, entre carcajadas:- ¿Qué tal durante el día?
-Terriblemente radiante y soleado. -le devolví la sonrisa. Era imposible no estar feliz cuando él estaba allí. Le había añorado a pesar de haberle visto el día anterior.
Nos tumbamos en la cama, abrazados. No encendí la luz, conocía de sobras mi propia habitación y Edward parecía ver en la oscuridad, puesto que jamás había tropezado con un mueble. O quizá se dejaba guiar por mi olor, que él describía con tanto apetito¡quién sabía! No tenía sueño ni para bostezar. Había de mantenerme despierta: no podía desaprovechar la oportunidad de estar con él toda la noche.
-¿Qué has hecho toda la mañana? Supongo que no habrás salido. -comenté. Resultaba difícil hablar en circunstancias como aquellas. Su aliento, su abrazo, todo me cautivaba y era casi incapaz de decir algo razonable.
-Por supuesto. He estado tocando el piano. -respondió. Me estrechó con mayor intensidad en sus brazos.
Sabía que él estaba haciendo grandes esfuerzos para no hacerme daño, aplastarme o morderme. ¡Cuán difícil debe ser aguantar!, pensé. Aunque jamás parecía que le fuese tan difícil. Las noches que pasábamos juntos, una en tres meses, cuando Forks se veía iluminado durante el día, eran de los momentos más preciados de mi vida. Desgraciadamente, siempre me dormía. Odiaba dormirme cuando él estaba allí y no había hablado con él desde el día anterior. Resultaba frustrante, por mucho que a él le gustase verme dormir y oír qué decía yo en sueños…
-Es odioso tener que dormir sobre todo cuando estás aquí. No soy tan interesante como para ver cómo duermo… -musité. Él parecía creer que ya me había dormido pues movió la cabeza.
-Lo eres aunque no lo creas. Muchas veces me pregunto cómo sería dormir de nuevo. Verte me calma y me entretiene. Es una sensación agradable, no sabes cuánto. -evidentemente, enrojecí ante estas palabras.
Nunca podía evitarlo. Él debía darse cuenta, empezó a acariciar mi cabello tiernamente mientras los latidos de mi corazón aumentaban por segundo. Su tacto frío, recorría mi cabeza, lentamente. Era algo que me desconcentraba si quería decirle algo. ¿Cómo podía decirle algo, si él no hacía nada más que aturdirme y le prestaba más atención a él que a lo que iba a decirle?
-¿Agradable, el sueño? Depende lo que se sueñe. Los vampiros no podéis dormir y así no tenéis que soñar pesadillas… Si fuera una vampira, en estos momentos, estoy segura de que sería mejor. Podría estar toda la noche hablándote y no durmiendo mientras estás aquí. -expresé todo lo que sentía. Llevaba tiempo pidiéndole a Edward convertirme en una vampira, pero él siempre se negaba. Nunca entendía sus motivos muy bien.
-Ah. -se limitó a responder. Estaba enfadado. Como siempre que le decía que quería ser una vampira. Parecía no entender mis motivos al igual que yo no entendía los suyos. Se quedó parado, como una estatua, ausente en sus pensamientos. Su tacto se volvió más frío.
Empezó a tararear la melodía en la que se había inspirado en mí, en un intento de dormirme, supuse. Pero yo no quería dormirme, y menos sabiendo que él estaría allí toda la noche y por muchas veces que instiese en el tema, no obtendría respuesta. Decidí preguntárselo directamente, pues siempre que intentaba decirlo a poco a poco, cambiaba de tema.
-¿Por qué no quieres que me convierta en vampiro, Edward? -pregunté. Él suspiró y me abrazó con más fuerza. Si creía realmente que eso iba a hacerme rendir, se equivocaba a medias. Yo, Bella Swan, podía ser terriblemente tozuda cuando quería.
-Te lo he dicho miles de veces. No quiero condenarte a la noche eterna… No puedo. -su voz había cambiado. Su tono era triste, melancólico, a la vez de estar alerta.
En momentos como ese, no le entendía. No quería condenarme a la noche eterna. ¡Pero no era eso! Para mí, el mero hecho de estar a su lado para siempre, eternamente, significaba vivir un sueño, jamás sería una pesadilla. Por muchas pérdidas que ocasionara volverme vampira, quería serlo…
-¿Nada más? Siempre dices lo mismo. -cogí aire e imité su voz, aunque lo mío fuera una lastimosa imitación de su voz angelical.- “No quiero condenarte a la noche eterna.”
Para mi sorpresa, Edward tuvo que contener la risa para que Charlie no nos oyera. Ese sonido de contener risa, sonaba igualmente musical. Enrojecí nuevamente cuando acerco su rostro al mío para besarme la frente tiernamente y acariciarme el pelo con todavía más ternura que anteriormente.
-Bella, lo sabes, sabes mis motivos. -a continuación prosiguió a explicar todos y cada uno de sus motivos.- Sé que quieres convertirte en vampiro, pero… no quiero que lo hagas por mí. No quiero que dejes todo lo que tienes por mí. Crees que todo será maravilloso si te conviertes, pero no es así, aunque tampoco es que sea terrible. Pero sufrirás, y mucho. Y no voy a ser yo quien te lo provoque porque odio que sufras.
Suspiró. Sufrimiento… La vida no había sido jamás de color de rosas. Sólo cuando apareció Edward fui capaz de ser feliz y de tener ganas de vivir. ¡No era motivo! El hecho de poder compartir con él mi vida, alejaba todo sufrimiento de mi mente. Le respondí:- Pero¿acaso estar al lado de la persona que más se quiere, eternamente, es sufrimiento?
-No lo entiendes, sin duda. Bella, sufrirías mucho como ha sufrido todo aquel que se ha convertido en vampiro. -ahora se explicó con más detalles y con una voz culpable.- ¿Crees que todo sería maravilloso? No. No podrías volver a ver a tu familia, nunca, ni a tus amigos… ¿Eso no es sufrimiento? Además de esto y del dolor que hace la ponzoña durante la transformación, hay más cosas. Durante los primeros años, es muy difícil controlarse cada vez que hay humanos cerca. La sangre atrae con mayor intensidad y es muy pero que muy doloroso no poder beberla y resistirse. ¡Jamás permitiría que sufrieras de esa manera!
Edward era incapaz de entenderme. Yo sabía de sobras todo aquello, pero estaba decidida a ser vampira. Habría dolor y sufrimiento, pero nadie no ha tenido una vida sin sufrimiento. Estaba segura de ello. Sabía que sería capaz de aguantar todo aquello por Edward, porque él haría que todo aquello supusiese un menor sufrimiento comparado a la felicidad que sentiría.
-Pero, Edward, llegará un día en que me volveré vieja y moriré, y no podremos estar juntos. Yo te quiero más que a nada, y sé que todo el sufrimiento del que hablas sería real, pero también sé que sería más feliz que nunca. Prométeme que algún día lo harás, por favor. -dije todo lo que pensaba, sin censurarlo como se había quejado a veces Edward.
Por su parte, siguió en silencio, pensando en lo que le había dicho. Sabía que se negaría a prometerlo, pero intentarlo no suponía pérdida alguna. Estaba más quieto de lo que nunca había estado, y me preocupé. ¿Acaso le había dicho algo tan malo? Y me sorprendí. La intensidad con la que me miraron sus ojos en ese momento, era indescriptible, y perdí toda queja que pudiera pronunciar.
-Algún día, quizá… -pronunció en susurros casi inaudibles.
Repentinamente, noté que su cuerpo estaba algo más cálido de lo normal, como la primera noche que habíamos pasado juntos. Y me acercó más a él provocando que los latidos de mi corazón aumentaran a ritmo espectacular. Lo hacía apuesta, lo sabía, pero yo ya me había cansado de replicar. Edward había ganado la batalla, pero no la guerra. No iba a quejarme más, pero sólo por aquella noche. Enrojecí cuando me besó mis cabellos y volvió a tararear la melodía inspirada en mí.
Y yo, tonta de mí, no podía hacer nada más que rendirme a aquella dulce melodía, a aquel dulce tacto, a aquel… todo, durante esa medianoche. Poco a poco, fui teniendo más sueño y finalmente, mis párpados se cerraron…
Fin del capítulo único
Comentarios de la autora:
Hasta aquí el oneshoot. Espero que os haya gustado a todos. Lo he hecho para un concurso de relatos literarios del foro de crepúsculo. No tenía planeado escribirlo de esta manera, pero me ha gustado. No sabía como introducirlo, y me inspiré en uno de mis capítulos preferidos de Crepúsculo, cuando Edward y Bella duermen juntos. Lo que me gustaría saber es cómo debe ser la melodía de Edward para Bella…
Muchas gracias por haberlo leído, aunque creo que es bastante pasteloso. Me declaro culpable, es que me encanta todo lo romántico… ¡No seré la única, espero!
Recent Comments