I. Comprometida

- ¿Charlie? – pregunté.
Tras abrir la puerta con un estrepitoso y poco habitual ruido provocado por el entrechocar de las llaves en mi mano, me dirigí hacia la sala de estar, donde mi padre estaba medio ausente mirando un partido de fútbol disputado por dos equipos que se jugaban el descenso.
- ¡Tierra llamando a Charlie! – bromeé, algo poco habitual en mí.
- Houston, tenemos un problema – me contestó con sorna.
Nunca estaba dispuesto a cambiar, siempre con su actitud infantil tan impropia del jefe de policía, del señor Swan. Mas estaba segura de que poco le quedaba al dócil padre típico americano que pasa de ti mientras ve la tele. Puesto que no había venido sola, sino que Edward esperaba en el umbral de la puerta de entrada. Oí como avanzaba con sus suaves y sutiles pasos, casi imperceptibles, pero yo estaba tan ligada a él que de alguna forma mi subconsciente me contaba lo que él hacía a cada momento.
- Papá, Edward ha venido – drásticamente, sus facciones se contrajeron en un gesto serio -. Tiene… tenemos que decirte algo.
Obviamente aquello no había sonado nada bien. Quizás se creyese que me quería independizar, o que estaba embarazada, como si aquello fuese posible, o que… o que iba a pedirle mi mano. Y es que eso, exactamente eso, era lo que se proponía.
Charlie echó un fugaz vistazo a mi mano, donde descansaba el anillo de Elizabeth Masen y donde estaría para toda la eternidad como prueba del amor que nos profesábamos. Dios mío, lo había visto. En un torpe intento de ocultarlo, me agarré las manos por detrás de la espalda.
- Dile que pase – dijo por pura cortesía –. Será más sencillo de explicar todo si estáis los dos – puso especial énfasis en la última palabra.
Saludó a Charlie con un grácil movimiento de mano que no fue devuelto, y se situó a mi lado. Me acomodé a su postura, en perfecta armonía, como dos notas claves de una partitura, como el punto y la í.
- Quiero que esto sea lo más formal posible, a si que no montes en cólera antes de tiempo Charlie, porque esto estropearía mi tan ensayado discurso – mi padre asintió.
Anonadada por la actitud dura, fría e inhumana de Edward me quedé callada, mirando perpleja a dos de los tres hombres de mi vida. Faltaba Jake. Y yo lo sabía, y me dolía, dolía mucho. Demasiado. Parpadeé un par de veces para enjugarme las lágrimas. Gracias a Dios que Edward estaba demasiado tenso como para fijarse en mi expresión y en mis gestos.
- Creo que ya comprendiste, Charlie, que lo nuestro – comenzó Edward refiriéndose a nuestra relación – va totalmente en serio – Charlie asintió – Quizá tu no apruebes al cien por cien este hecho, y prefieras que Bella esté con Jacob – que pronunciase a Jake en su discurso me conmovió sobremanera – pero esto es lo que hay. El amor que profesamos el uno hacia el otro va más allá de las barreras de lo físico, a si que no temas por la vida… por la integridad física de tu hija. Además, ella es mayor de edad para saber lo que tiene que hacer.
En el amago de un gesto simple pero nervioso, metí la mano en mi bolsillo, donde hallé un chupa chups de fresa. Dispuesta a evadirme de aquel lugar, comencé la prácticamente imposible tarea de quitarle el papelito que envuelve al caramelo. Al ir a morderlo para rasgar el papel, me fijé en que había un vampiro dibujado. ¿Es que todo en mi vida tenía que tener los colmillos afilados?
- No quiero dar más rodeos. Creo que ya te hueles la situación y no he de hacerte esperar más, sea cual sea tu respuesta. Bella y yo vamos a formalizar nuestra relación, queremos casarnos – usó indebidamente el plural, puesto que yo seguía reacia a constatar de aquella forma nuestro amor –. Obviamente, lo deseamos hacer por las buenas, con tu permiso, contigo, con Reneé y con Phill en la boda, puesto que sois la familia de Bella.
- Esto, papa – les corté –, Edward esta un poco chapado a la antigua, y lo que quiere saber es si le das permiso para casarme conmigo.
Mordisqueé el palo del chupa chups de forma nerviosa, hasta romperlo y quedarme solo con la bolita y un pequeño cacho en la boca. Me atraganté, como no, y empecé a toser nerviosa. Al unísono, Charlie y Edward se volvieron, mirándome preocupados.
- No es nada – musité, confundida. Odiaba esa superprotección por parte de ambos, como si fuese una niña pequeña.
La tensión era perceptible en el ambiente. Tragué saliva, en un inútil intento por deshacer el nudo que obstruía mi garganta.
- Sin más rodeos, tan solo quiero… - continuó Edward.
- Queremos – le corregí automáticamente.
- Queremos anunciarte que pronto Bella y yo nos casaremos.
Parecía que el tiempo había decidido detenerse de pronto.
- ¿Cuándo? – preguntó Charlie.
- El mes que viene.
- ¡El mes que viene! – gritó Charlie – Mi pequeña se casa y lo hace apresuradamente… ¿Y el vestido? ¿Y el banquete? ¿Quién os casará?
- Papá – le tranquilicé, intentando parecer calmada y fracasando en ello – Estáte tranquilo, todo va bien. Ya tengo vestido, será en la Mansión Cullen… y no sé quien nos casará.
- Hija mía, enhorabuena – concluyó mi padre.
Irrumpí en lágrimas de felicidad. ¡Mi padre lo había aceptado! Estaba eufórica, quería saltar, enseñarle el vestido, besar a Edward, llamar a Alice, contárselo a mamá, y todo ello a la vez. Era feliz.
Junio 20th, 2008 at 20:37
[...] por Hali I. Comprometida 2. Díselo a [...]